Videos subacuáticos de los fondos marinos de la Bahía de Cádiz

Praderas marinas de la bahía de Cádiz

Caulerpa prolifera entremezclada con Cymodocea nodosa

En este vídeo subacuático de los fondos de la bahía de Cádiz se puede apreciar la belleza de las praderas de Cymodocea nodosa (cuyo nombre común es “porreo”) junto con las praderas de la macroalga Caulerpa marina (o “lechugueta” como es llamada comúnmente). El  vídeo también muestra alguna de las características que las hacen únicas, como el gran dosel de hojas que forma auténticos bosques sumergidos en las zonas costeras, incrementando la complejidad del medio, sirviendo de zona de cría y alevinaje para multitud de especies animales y vegetales y protegiendo nuestros fondos de las corrientes y oleaje. Además si os fijáis bien,en el video podréis ver las burbujas de oxígeno saliendo de las praderas de C. nodosa

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Praderas marinas de la bahía de Cádiz: importancia como zona de guardería y alevinaje

Complejidad del dosel de Cymodocea nodosa

Complejidad del dosel de Cymodocea nodosa

Las praderas de fanerógamas marinas actúan como auténticos oasis de diversidad en nuestras zonas litorales. Este efecto beneficioso sobre la diversidad y biodiversidad (si contemplamos también todas las formas de vida y sus variaciones genotípicas) se debe a diferentes procesos mediados por las praderas de fanerógamas marinas. En primer lugar, el crecimiento tanto de las hojas en el agua, como de las raíces y rizomas en el sedimento, incrementan la complejidad estructural de ambos ambientes, lo que posibilita la existencia de una mayor cantidad de nichos disponibles, un lugar donde refugiarse de los depredadores, disponer de nuevos sustratos en los que asentarse y/o poner los huevos, y también la existencia de nuevas fuentes de alimentación (algas y organismos epífitos sobre las hojas, mayor abundancia de organismos, filtrado de partículas que vienen en la columna de agua, etc). Además, tanto los doseles de las fanerógamas marinas (las hojas), como el sistema de rizomas y raíces disminuyen las condiciones ambientales (p.e. hidrodinámica) y generan unos ambientes más favorables para el desarrollo de los organismos. Hay que tener en cuenta que estos mayores niveles de diversidad van a proporcionar mejores y más estables funciones y servicios ecosistémicos (beneficios directos e indirectos que recibimos los seres humanos de los ecosistemas naturales), como reclutamiento en pesquerías o mayores tasas de filtración en la columna de agua permitiendo mantener una buena calidad del agua para otros usos (turismo, acuicultura, etc). Todo esto conlleva que cuando se pierden las praderas de fanerógamas marinas, el sistema entero se ve afectado incluyendo a los seres humanos. Este breve vídeo subacuático filmado en las praderas de Cymodocea nodosa de la bahía de Cádiz muestra (hay que poner el vídeo a tamaño grande) la complejidad estructural de los doseles, la gran cantidad de organismos (animales y vegetales) que viven en las mismas y la cantidad de bancos de peces que allí se esconden y se alimentan.

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Praderas marinas de la bahía de Cádiz: Función de atenuación del oleaje.

Tras el género Cymodocea se esconde una interesante etimología y mitología las cuáles pueden consultarse en el interesante artículo de Carmen B. de los Santos titulado“Nymphs of the sea” (pincha aquí para obtener la versión en español- “Ninfas del mar”-). De un modo muy resumido, el nombre de Cymodocea proviene de la nereida Kymodoke (“Cymodoce”), teniendo la capacidad dicha ninfa de “calmar las olas” del mar. Esta cita mitológica no puede ser más acertada, al describir una de las principales funciones ecológicas que desempeñan las praderas de fanerógamas marinas en general y nuestras gaditanas en particular: la protección de los fondos blandos frente a la erosión proveniente de las fuertes corrientes, oleaje y temporales. Hay que recordar que las fanerógamas marinas, a diferencia de la mayor parte de las macroalgas (aunque hay excepciones como Caulerpa prolifera que habita los fondos de la bahía de Cádiz), son capaces de desarrollarse sobre fondos blandos e inestables, como arenales y zonas de fango, generando extensas praderas que alcanzan densidades de varios miles de haces por metro cuadrado.

Por un lado, el sistema rizomático-radicular de las fanerógamas marinas, genera una red tridimensional en el sedimento, que lo mantiene cohesionado (al igual que hacen las raíces de los árboles y las plantas terrestres) y evita su pérdida y erosión. Por otro lado, el denso dosel foliar, actúa como un muro frente a las corrientes y el oleaje, frenando la masa de agua y absorbiendo parte de esa energía.

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Esto se lleva a cabo a través de un proceso muy sencillo de entender, pero muy complejo de poner en marcha por parte de las fanerógamas marinas, que es su gran flexibilidad y su capacidad de reconfiguración frente a las condiciones hidrodinámicas (Se muestras imágenes de esto último en el video “Praderas marinas: función de atenuación del oleaje”).

A quiénes ya conozcáis las fanerógamas marinas quizás os ha llamado la atención lo flexibles que son sus hojas, característica que las diferencia de las hojas y tallos de las plantas terrestres (las cuáles son más rígidas y permanecen erguidas). Aunque de esto ya hablaremos en una próxima entrada, donde nos centraremos en las adaptaciones biomecánicas de las fanerógamas marinas, tan sólo nos gustaría comentar que esta diferencia en flexibilidad entre plantas terrestres y fanerógamas marinas se debe principalmente a que las primeras deben hacer frente a la fuerza de la gravedad (deben mantenerse erguidas y sostener su propio peso para capturar la luz del sol) mientras que las fanerógamas marinas no tienen ese problema pero si deben adaptarse a un medio 800 veces más denso (mayores densidades conllevan fuerzas de arrastre mucho mayores) como es el agua de mar. Además de proteger los fondos blandos, tanto el sistema rizomático-radicular como el dosel de hojas tienen también la capacidad de retener y sedimentar partículas y arena, reduciendo de este modo también la erosión de las zonas costeras.

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Ni que decir tiene, la importancia de esta función desarrollada por parte de nuestras gaditanas, ya que permiten que se desarrollen otras actividades adicionales en nuestras costas como el turismo (¿a quién le gusta una playa sin arena?) o la pesca y el marisqueo (la pérdida de sedimento conlleva también la pérdida de muchos de los organismos que viven en su interior). Así que perseveremos en la preservación de este tesoro sumergido que tenemos en nuestra Bahía y que habita también la mayor parte de las costas españolas.

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